miércoles, 19 de septiembre de 2012

EL TRAJE DE CABALLERO EN IMAGEN PERSONAL




             

                ASESORIA DE IMAGEN PERSONAL



                   CRÓNICAS DE UN PELUQUERO



                         EL TRAJE DE CABALLERO





                La pretensión de la belleza y la elegancia es un hecho que desde siempre va ligado al ser humano y un factor determinante en ese empeño está en la indumentaria, en la forma de vestir del individuo según su ámbito social y/o laboral, sus gustos y necesidades personales sin perder el respeto a todo aquello que sea de actualidad o marque moda.

                La oferta y la libertad que tiene el individuo para escoger su propio atuendo, en este momento es infinita. El gusto a la hora de elegir y lograr la adaptación de cada estilo, como algo personal, puede resultar bastante complicado. Y no siempre la elección es la adecuada puesto que, en muchos casos, además de su contribución al embellecimiento de la imagen forma parte de un estudiado lenguaje que nos ayuda, en gran medida, a expresar y hacer de esa indumentaria la justa medida de nuestro éxito personal y nuestra forma de ser y/o de actuar. 

                Y de igual modo que otras ropas, el traje de caballero, desde su origen en el país vecino durante el reinado de Luis XIV (1638-1715) hasta la fecha, ha estado sometido a esos vaivenes pasajeros de la moda que, ( por esa condición atemporal ni se crea ni destruye), se transforma, según la evolución de aquella sociedad de cada época. Y se ha hecho necesario hasta tal punto que no existe varón en estos días que no acumule en su ropero alguna de estas prendas, utilizadas, para actos o formalidades puntuales sin que deban remplazarse por otras formas de vestir.

                Es por esas circunstancias que, en estos momentos, hay un patrón muy estandarizado denominado traje clásico, presidido, principalmente, por colores oscuros con distintas tonalidades de grises o azulados, ya sean lisos o con rayas muy sutiles en sentido vertical y de hechuras muy concretas.

                Pero es conveniente tener presente y por eso quiero puntualizar o definir, que de acuerdo con esa generalización concurren algunas variantes que dan lugar a modelos diferentes.

               Dentro de esos modelos se encuentra el traje denominado recto, quizá, empleando términos asequibles, el más ordinario. Con solo dos botones en su frontal obliga a que las solapas sean largas y abiertas dando, de esta manera, un mayor lucimiento a la camisa y a la corbata. Estas chaquetas tienen su sentido práctico, dicen quienes habitualmente las utilizan, que son muy cómodas de llevar, además, se hacen valer para la indumentaria de esport y aunque pueden lucirse desabrochadas, salvo en aquellos casos y que por algún motivo la talla no sea la adecuada, siempre es más elegante con el botón de arriba cerrado y dejando suelto el de abajo.

                Otro de los modelos, con propia tipología, es el traje conocido como cruzado ya que las características de su chaqueta imprimen esa disposición. Uno de los aspectos que le distinguen se encuentra en la hechura de sus solapas, cuya trayectoria, en cuanto a la proyección de sus formas, se compone de líneas en diagonal y terminaciones en punta. Contiene, además, dos columnas de dos botones y una de ellas es puramente decorativa, más un botón que de manera invisible debe ajustarse interiormente. Decir que, aunque ahora no lo parezca, puesto que en los últimos años este estilo haya caído en decadencia, hacia la década de 1920 fue el traje más popular y utilizado, (buena muestra de esto la encontramos en los actores de Hollywood) volviendo a lograr protagonismo, nuevamente, sobre los años de 1980. En esa época esta chaqueta se vestía, incluso, con pantalones tejanos sin desmerecer por ello la buena imagen.

                Y por último una tercera opción el traje, por excelencia, considerado más distinguido para vestir. Su chaqueta, de solapas casi cerradas contribuye a la esbeltez de sus portadores ya que se fundamenta en la alianza corporal y en la armonía. Se ajusta con tres botones y en su parte superior, entre esta y la corbata, debe lucir el chaleco. Tanto en este estilo como en los anteriores, las aberturas, o no, en la zona posterior de la chaqueta variarán en función de la moda o tendencia de cada época, aunque, si bien es cierto, deberían ser adaptadas y acopladas según la ordenación corporal del individuo. El buen gusto en este traje nos exige llevar la chaqueta completamente abrochada aunque puede admitirse un mínimo rasgo de desenfado dejando libre el botón de abajo.

                Del mismo modo y con delicada exquisitez, deben seleccionarse las prendas que le acompañen así como los complementos, entre estos, los tirantes, elemento inseparable del conjunto y ante la ausencia de ellos el cinturón, en cualquiera de los casos con la adecuada armonía tanto en el color como en la medida. Es necesario el pañuelo, por supuesto, la corbata y no debemos olvidar ni gemelos ni reloj.

                Otros complementos afines considerados de menos necesidad, porque su falta de uso ha prescindido de ellos, son el sombrero, el paraguas y el bastón.

               Espero que con estas breves pautas y sin ninguna otra intención, seamos todos capaces de lucir y hacer honor al traje de caballero, tan denostado, según mi opinión, por las nuevas generaciones.

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