martes, 6 de julio de 2010

TATUAJES



ASESORIA DE IMAGEN


CRÓNICAS DE UN PELUQUERO


LOS TATUAJES



          En cualquiera de las épocas y lugares el hombre ha sometido su propio cuerpo a todo tipo de experiencias y procesos, incluida la práctica del tatuaje. Haya sido por razones de salud, obediencia, rebelión, disciplina, creencias mágico-religiosas o ceremoniales etc.

          Se ha dejado, siempre, seducir por ese arte. Por ese dibujo impreso entre piel y carne que emana de culturas y etnias cuyas raíces se vislumbran disipadas en el tiempo.

          Debido a la ausencia de otros testimonios, durante largos periodos de tiempo se creyó que la persona tatuada de más antigüedad era la sacerdotisa egipcia Amunet adoradora de Hathor, como es sabido diosa del amor y la fertilidad, pero en 1991, fue hallada en un glaciar la momia de un cazador. Incrustados en sus rodillas y espalda podían advertirse ciertos tatuajes de diseño sencillo y simple, a modo de rayas y puntos, se supone que realizados con huesos minúsculos y selectos, escogidos a conciencia para ese menester. Los expertos enmarcan este descubrimiento y el discreto estilo de sus trazos dentro de la era del neolítico, entre 6000 y 2500 años a C.

          Sin ningún tipo de objeciones es la polinesia quien goza de ser el lugar más antiguo y de mayor proyección en este oficio. No en vano, el término tatuaje, tiene origen polinesio en su vocablo tau-tau esgrimido para hablar del tropiezo o choque entre dos huesos.

          ¿Pero donde está el sentido y la intención de dicha práctica?. La respuesta, en mi opinión, depende de las fechas y culturas.

          En algunos pueblos primitivos, el tatuaje cumplía misiones conmemorativas de acontecimientos de toda índole, ya fueran gratos como infelices. Se le aplicaron, asimismo, valores de magia y religión de carácter tanto preventivo como terapéutico. Hasta en el ámbito social tubo, también, su tipificación.

          En la propia Polinesia, en Nueva Zelanda, fue utilizado por los maoríes como signo de identidad según el modo de vida, rango social, o grupo al que pertenecía. Su ancestral manera en la confección, basada en punciones con dientes de tiburón saturados, previamente, con indeleble ungüento elaborado para la ocasión con la mezcla de nueces autóctonas, ceniza y agua.

          En estas islas, los aborígenes, tatuaban los cadáveres de los familiares que fallecían, si no lo estaban de antemano. Pensaban que si morían sin tatuajes la hechicera se comería los globos oculares y, el alma de los difuntos quedaría ciega sin poder hallar la senda de la inmortalidad.

          Por el contrario, los pobladores de las Islas Marquesas, aquellas que descubriera el español Álvaro Mendaña en 1595, se tatuaban todo el cuerpo, incluida la lengua. De esta manera se creían protegidos tanto físicamente como espiritualmente y cuando estos morían, sus mujeres les arrancaban la piel para no incomodar a su custodio del Olimpo, de esta forma recuperaban el estado de pureza y podían recibir sepultura en tierra santa para ascender a los cielos. Para las mujeres de estas Islas, tenía una carga significativa de erotismo y además, de otras zonas, se tatuaban sobre la vulva simbologías sicalípticas.

          Este arte milenario, en países como Persia, Arabia y la India ha estado asociado a la belleza y a la buena suerte, siendo práctica común en rituales previos al matrimonio donde familiares y amigos, además de las propias parejas, decoraban su cuerpo mediante esta técnica con el fin de atraer vibraciones positivas.

          La práctica del tatuaje ha tenido su sitio, de igual modo, en el submundo carcelario. Los presos fueron uno de los primeros grupos, junto con los marinos, que empezaron a hacer uso de esta habilidad que esconde o hace palpable un infinito acopio de significados. Este lenguaje sobre la piel, pone de manifiesto la comunicación entre logias carcelarias sirviendo, igualmente, como clasificatorio, identificativo de los delitos atribuidos a los convictos haciendo ostensibles fragmentos sobre la vida de la propia persona, tanto dentro como fuera de la prisión. Así, son conocidos los tatuajes con motivos místicos como preferencia para los violadores. Impresiones afectivas como el corazón y la flecha o amor de madre en brazos y pecho de los más serenos. Otras con locuciones agresivas como águilas o felinos para los toscos y, aquellas de advertencia peligrosa como la calavera reservadas para los más temerarios. Existen grupos de reclusos para quienes el significado de los tatuajes no pasa de ser una forma de fantasía amorosa o sexual como único y más inmediato recurso mientras dure su cautiverio.

          En los países de occidente, se difundió el tatuaje a través de los exploradores de los siglos XVIII y XIX. Entre ellos el capitán de la marina Cook, que describe y da fe en sus libros sobre el proceso de esta práctica. En la actualidad, dicha práctica, queda reducida a dos grupos de gente, según teoría y así referidos por Lombroso (sicología criminal). Primero: forajidos, hampones, confinados etc. Segundo: individuos pertenecientes a la clase social baja, mineros, marinos y soldados, principalmente legionarios. En ambos casos el tatuaje expresa la marginalidad a la vez que el deseo de salir de ella.

          Hay, en este momento, en el mundo civilizado, según mi manso criterio, algunos motivos para el tatuaje que difieren de los anteriormente citados. Que no tienen en cuenta los ritos mágico-religiosos, ni la marginalidad de la clase baja, puesto que, quienes se tatúan pertenecen a clases sociales diversas, pero que se dejan manipular por la gran industria que han hecho de ello los tatuadores a través de estudiadas campañas de marketing, convirtiendo el tatuaje en un producto de consumo incorporándolo a la moda para unos y en una forma de vida para otros.

          Añadir, a lo anterior, que grupos o bandas denominados maras, dicen quienes los conocen temerles más que a los ñetas y que se tatúan sus víctimas en el cuerpo como alarde de valentía para expresar sus acciones.

          Podría deducirse por comentarios como este y distintas pruebas más concretas que evidenciarían parte de lo que aquí se refleja que, el tatuaje, haya estado reservado en otros tiempos a algunos grupos o clases sociales por sus creencias o status determinado. Nada más lejos de la realidad. Y si bien es cierto que el tatuaje nunca fue privativo de nadie, tampoco ha de ser motivo utilizarlo, ahora, como llamada para la liberación de los condenados, ni para la recuperación, como paradigma, con vistas a una sociedad igualitaria en el rescate de aquellos que inmersos se encuentran en el error de esta práctica. Por que quizá, el hombre, en su búsqueda permanente de experiencias pueda necesitar ser objeto de sí mismo y lo demuestre con decisiones como esta. Yo, por mi parte, considero descarriado el planteamiento.

          Esta habilidad, que se me antoja difícil y dolorosa en otros tiempos, en la época vigente se confecciona de forma higiénica y simplista. Con sofisticada técnica mecanizada y suaves vaivenes de inyección, sobre calcomanías superpuestas en la zona deseada se deposita el pigmento esmeradamente elaborado, vegetal o mineral, debajo de la epidermis dando forma y color al tatuaje sin que ello proporcione grave dolor o malestar al tatuado.

          Y aunque se muestre como algo inocuo, pasajero y reversible con la llegada del rayo láser, se olvidan de las tinturas que contienen en sus mezclas algunos componentes como el plomo que se diluyen y fusionan con la sangre y, otras que, ni siquiera esta poderosa técnica es capaz de eliminar, como son los colores rojos y verdes, en especial el verde de algunas emulsiones colorantes con el consiguiente riesgo para la salud. O la henna negra, sobre la que ha alertado la agencia de Medicamentos y Productos Sanitarios, 21/07/08 (La Gaceta Regional de Salamanca) que incorpora colorantes como la p-fenilendiamina o PPD que pueden producir diversas reacciones alérgicas e, incluso, decoloración permanente de la piel y cicatrices en la zona decolorada por lo que su uso directo sobre la piel esta prohibido. Como desaconsejable en toda mujer, pretensión incompatible en caso de la epidural utilizar este espacio a modo de pergamino para propio pavoneo.

          No dejemos influenciarnos por el cariz de esa cultura estética. Por esos diseños tan aparentemente elaborados y artísticos con estructura maestra en lienzo de materia humana que en ocasiones se lucen como auténticas obras de arte. Seamos racionales y objetivos pensando más en sus posibles riesgos y consecuencias que en el lucimiento de los mismos, pues no deja de ser, en el mejor de los casos, la tendencia de una moda y como todas pasajera.

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