martes, 22 de diciembre de 2009

BELLEZA Y PROPORCIONES




ASESORIA DE IMAGEN PERSONAL

CRONICAS DE UN PELUQUERO

BELLEZA Y PROPORCIONES




          La competitividad, es vicio (si cave la expresión) que envuelve, que emerge innata y mantiene al hombre en perenne lucha evolutiva a lo largo de sus días. Desde que el sabio y ambicioso pueblo griego embarcara sus deseos e hiciera realidad la ambiciosa proyección olímpica, (hacia el año 776 a C.) no hemos cesado en nuestro empeño, buscando siempre, lejos de cualquier diferencia política o racial, quien puede ser más capaz o competitivo en determinada actividad o disciplina, hasta tal punto, que llevamos esa competitividad más allá de lo puramente deportivo que fue el inicio de todo el entramado. Y es, que actualmente competimos hasta para descubrir la persona perfecta, en cuanto a las formas del cuerpo y su armonía.

          Refiriéndome a lo último, desconozco el origen que da lugar a los distintos certámenes y acontecimientos para valorar y premiar la belleza humana. No me atrevo a decir que la elección de las personas agraciadas, en dichos elencos, sea una elección a la ligera. Ni siquiera me atrevo a pensarlo. Hecha esta reflexión, si me gustaría saber que criterios a seguir, que concepto de la belleza tienen quienes embargan su voluntad y su tiempo en dedicación a tan difícil tarea para que las personas electas en los citados certámenes, sean de verdad y en justa medida las que merecen ser coronadas con tan anhelado distintivo.

          En infinitas ocasiones, he sido testigo, he escuchado decir que la belleza es difícil de determinar debido a su gran carga de subjetividad, a que cada cual en este mundo tiene muy claras sus preferencias y que para gustos los colores.

          Pienso, que estas afirmaciones gratuitas distan mucho de la realidad. No sería prudente que quienes hacen tan desafortunadas declaraciones tuvieran la responsabilidad de selección en los casting de belleza.

          Pero, siendo cierto que las preferencias son siempre personales no debemos dejar que nos afecte, ni que prevalezca la influencia de un simple atractivo ante la espléndida y exquisita pureza de lo bello.

          Mientras la belleza es inamovible y concisa regida por cánones establecidos, el atractivo si es variable y subjetivo, sujeto siempre a los distintos gustos y preferencias de cada individuo que, también, suelen ser subjetivos. Por mi parte, trataré de exponer en pocas líneas mi modesta opinión, mi humilde parecer, tal vez equivocado acerca de tan comprometida empresa.

          Atractivo puede ser, ante los ojos de mucha gente, el rictus de una sonrisa ligeramente inclinada. Un atractivo aparente, a veces pueden mostrar unas pecas bien dispuestas sobre un rostro pelirrojo con cabello ensortijado. Pueden mostrar atractivo, sendos labios carnosos rebosando carmín rojo y tal carga sensual que te invitan a pecar.

          Es virtud de la belleza, el que se sirva de leyes merecedoras de estudio y conocimiento. Se dice que la belleza es la armonía, el conjunto de cualidades que determinan la excelencia de las cosas, la prodigiosa silueta para una dama donde las medidas 90- 60- 90-, fueran referencia indiscutible en otros tiempos.

          La belleza ha de ser la equidistancia entre las partes, la percepción ecuánime de las cosas, equilibrio y emoción percibidos en igual dosis.

          Porque (y sírvannos como ejemplos de belleza clásica por su majestuosidad y perfección) ¿quién no experimenta una sensación de quietud y de sosiego mientras contempla la velada sonrisa de La Gioconda de Da Vinci y la discreta belleza que su gesto entraña? ¿Quién es capaz de mostrarse indolente ante la vigorosa y de tranquila calma aparente escultura que Miguel Ángel plasmara en el David?. O ¿Para quién puede pasar inadvertida, se pueden ocultar los gestos de sorpresa y admiración viendo los bocetos de la grandiosa y armónica obra de arquitectura que Fidias levantara con el edificio del templo dórico del Partenón?.

          ¿Como es posible visionarlas sin sentir en propias carnes deleite espiritual? ¿ A quien no le reconforta y enriquece observar cualquiera de estas maravillas, aún desconociendo su origen e importancia?. ¿Acaso se pueden contemplar sin que ello te afecte interiormente?.

          Cualquier ciudadano, incluso de presunción insensible, quedará necesariamente afectado por la huella emocional derivada del impacto visual que proyecta cualquiera de estas maravillas tan sobradamente contrastadas. Y es que la sensibilidad del individuo tiende a conmoverse ante lo bello.

          Sinceramente, considero que ninguna de estas obras puede catalogarse como fruto de una casualidad subjetiva. Muy por el contrario, son el resultado de largos años de estudios donde la belleza y la armonía convergen en perfecta sintonía que deriva de una minuciosa y coherente relación de proporción.

          El escultor y arquitecto Policleto, (siglo V a C.) fue el primer genio, del que se tenga constancia, que en sus esculturas puso en práctica esa relación de proporción definiendo el prototipo del ideal de belleza masculina. Según este artista, lo bello es una ordenación, una armonía de partes claramente definidas. Así, el cuerpo de un individuo para ser perfecto, según su teoría, tenía que medir la longitud de su cabeza multiplicada por siete. El pie debía ser tres veces la anchura de la palma de la mano; mientras, la pierna desde el pie a la rodilla, tendría que medir seis palmos ( medida dactilar de aquella época), y así sucesivamente con el resto del cuerpo; dentro siempre de una relación de proporción entre las partes. Luego está claro que estamos ante una concepción matemática de la belleza humana. Quizá estas medidas, en la época actual, debido a los cambios físicos y al sometimiento social ante la moda, no tengan el mismo rigor ni validez que en el siglo V a C. pero estoy seguro que buscando siempre la relación de proporción, el resultado final nos llevará a la mismísima perfección.

          Luego, pensar que la belleza es subjetiva es ignorar por completo las leyes que rigen la armonía. Romper con los cánones establecidos y con ese concepto matemático de la belleza humana que tanto esfuerzo le costó desarrollar a personas con mentes tan abiertas cuando todavía se pensaba que la tierra era el centro del universo y la tecnología apenas si superaba la edad de piedra.

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